lunes, 23 de abril de 2018

Abre los ojos


RECOMENDACIÓN:
Retira inmediatamente TODO tu saldo de William Hill y deja de apostar completamente en esta casa, de manera indefinida.



Llevo seis meses sin escribir nada en el blog, en el último año he reducido al mínimo mi presencia en Twitter, hace año y medio que no apuesto, pero aun así no he podido evitar fijarme en el soberbio guantazo (por no usar una expresión más gráfica) que dado William Hill a TODOS los jugadores españoles. Es imposible pasarlo por alto, y creo que merece una profunda reflexión. Es totalmente necesaria e inevitable.

I.– ANALISIS DE LA SITUACIÓN.

No caigáis en el error de pensar que es simplemente un caso más en la continua degradación del servicio que ofrecen los operadores del mercado español (con la complacencia –y connivencia– de prensa y autoridades). Mi posición de exjugador seguramente me permite tener una perspectiva privilegiada de la situación, que quiero compartir con vosotros.

Lo que ha hecho William Hill esta semana no es un abuso más, no, no lo es, es un Test de Dignidad a TODOS los jugadores. Sí, a todos, y no solo a los afectados. Y por eso en este artículo me voy a centrar en los jugadores.

Todos tenemos muy clara la responsabilidad que –por acción u omisión– tienen los distintos actores de este sector: la Administración, los medios de comunicación y, por supuesto, las propias casas de apuestas, son los principales culpables, sin ninguna duda, del degradante e injusto trato que padecen los apostantes. Esto ya se ha tratado hasta la saciedad y no es necesario incidir más en ello, simplemente quiero dejar claro que lo que voy a decir a continuación no exime, ni un ápice, de su responsabilidad a estos tres elementos que son el origen de todos los problemas del sector, y que no tienen intención de formar parte de la solución.
Dicho lo cual, y una vez asumido esto, ¿hay algo que puedan hacer los jugadores? Esa es la cuestión que intentaré responder hoy.

Empecemos por fijar los hechos ocurridos durante esta “semana fantástica” de William Hill. Me han contado alguno más, pero os los resumo en estos 3 casos paradigmáticos:

Caso 1, días 15–16 abril (modificación unilateral del enunciado: “terminará clasificado” se convierte en “podio”):

–William Hill antes del inicio de la temporada de Formula 1 ofrece una apuesta especial: “Fernando Alonso terminará las 3 primeras carreras de 2018 clasificado”.
William Hill

–La redacción de la apuesta es absolutamente clara, pero, tras finalizar la tercera carrera, William Hill pretendía saldarla como perdida. Tras la lógica reclamación del cliente, le dicen que está bien saldada, ya que “Alonso no había terminado clasificado en ninguna de las carreras, es decir, podio”.
Como podéis ver en la línea de tiempo, no se trata de una respuesta inmediata y desafortunada de un operador que no sabe lo que dice: ha estado 6 minutos evacuando consultas (o puede que consumiendo “algo” –sea lo que sea– que te lleve confundir podio con clasificado) antes de responder tal disparate, por lo que parece evidente que William Hill pretendía quedarse, por la cara, con el dinero de este, y puede que otros, clientes. Sabían lo que hacían perfectamente.
William Hill

–No hay empresa de ningún otro sector que se plantee hacer algo ni remotamente parecido. Es como si te vas a comprar un bolígrafo básico y quieren cobrarte 500 € porque “lo que usted lleva, aunque se llama bolígrafo, parece un bolígrafo y escribe como un bolígrafo, en realidad es un colchón. Es así porque yo lo digo”.
Supongo que cuando sabes que gozas de inmunidad administrativa y penal, ya te la suda todo: que pone clasificado, pues me invento que en realidad significa podio. Ya ni se trabajan las excusas, sueltan cualquier majadería, y si cuela, cuela. Es delirante.

–En este primer caso ya han tenido que rectificar, pero lo grave es que se hayan atrevido a cometer tal barbaridad (imaginaos la seguridad absoluta que han que tener en que no sufrirán sanción alguna, para actuar con ese desahogo), porque la provocación de esta casa de apuestas esta semana ha superado todo límite.
Obviamente el cliente les dejó muy claro que iba a presentar la demanda (vía civil, la única que ha demostrado ser eficaz), y a William Hill no le ha quedado más remedio que pagar, porque dudo que hubiese encontrado un abogado dispuesto a defender tal soplapollez (clasificado=podio). Os lo imagináis: Señoría, es que clasificado significa podio, lo sabe todo el mundo; ¿dónde habría acabado el mazo del juez?
Lo de estos gibraltareños ya clama al cielo, y su desfachatez es, simple y llanamente, intolerable.

Caso 2, días 16–17 abril (modificación unilateral de cuota, reducción de más del 97%):

–No conforme con lo anterior, William Hill decide que aún puede hacerlo peor. Promociona a bombo y platillo (incluso en un programa deportivo de televisión de máxima audiencia) una apuesta con el sugerente nombre de “Pelotazo”, cuyo significado creo que no es necesario explicar.
William Hill

–Ofrece dicha apuesta en su web durante los días 16 y 17.

–Un número importante de personas –atraída por esa oferta, difundida en un programa “especializado” con tanta audiencia– ingresan dinero en William Hill durante esos días 16 y 17, o utilizan el saldo que ya tenían en dicha casa, para realizar la apuesta; destinando así su dinero a esta, y no a otras apuestas ofertadas por operadores de la competencia.

–Los clientes pagan las apuestas, obtienen el correspondiente recibo, y las mismas se inscriben en su historial correctamente.

–Cuando William Hill considera que ya ha recaudado suficiente dinero (al mediodía del día 17), envía emails a sus clientes, indicando que era un error palpable, y recalcula –unilateral y arbitrariamente– la cuota de 24 a un ridículo 1,5. Por lo visto, una combinada de 3 partidos, pagada a la “impresionante” cuota de 1,5 ahora se considera un pelotazo.
Supongo que será un pelotazo para la casa de apuestas, que de haber publicitado su oferta a 1,5 no habría recibido ningún ingreso, ya que (casi) nadie habría apostado a esa RIDÍCULA APUESTA.
Mucho mejor anunciarla a cuota 24, recibir numerosos ingresos (y puede que algún nuevo registro), y que se formalicen cientos o miles de apuestas, que jamás se habrían realizado de conocer la miserable cuota de 1,5 que esta casita de apuestas pretende pagar ahora.

Así, si los clientes pierden, la casa se embolsa un dineral, porque perderían el 100% de lo apostado (y todo esto aplicado a un número de apuestas mucho mayor que si se hubiese publicado a cuota 1,5), y si los clientes ganan, la casa no perdería casi nada, porque los clientes solo recibirán algo más del 2% de lo que les corresponde. Como veis se trata de un negocio redondo, un auténtico pelotazo (igual resulta que el nombre no era tan engañoso al fin y al cabo) para la casa.
Por ejemplo, aquellos que hubiesen apostado 10 euros, en lugar de los 230 euros de ganancias netas que les corresponden, de ganar solo recibirían 5 euros. La diferencia es considerable: si mi vieja Casio no me falla, eso supone exactamente una reducción del ¡¡ 97,82% !!

Dado que esto es práctica habitual, y no solo por parte de esta casa, algunos podrían pensar que esta forma de enriquecerse debería considerarse ilícita (y supongo que en países serios será así), pero afortunadamente esto es España, y aquí –por lo visto– no es delito, ni siquiera infracción administrativa grave o muy grave.
Aquí nadie investiga por qué estos “supuestos” errores se producen con una frecuencia infinitamente superior a cualquier otro sector, y lo lucrativos que resultan para las casas. No tenéis ni idea del número del número brutal de “supuestos” errores que se producen: el récord lo ostenta una casa española que reconoció más de 3000 “errores” en menos de una semana, y en solo dos mercados; hay 52 semanas cada año, muchas casas y muchísimos mercados en cada casa, echad cuentas; pero aquí todos miran para otro lado.
Aquí todo vale, e incluso merece reconocimiento: puede que incluso este año WH se lleve algún premio del sector, puesto que está nominada. Si esta empresa está nominada a un galardón (que puede que reciba), imaginaos cómo serán las demás. Este es el verdadero nivel de las empresas del juego españolas, que no os engañen.

Este artículo, en lugar de Abre los ojos, bien podría haberse titulado ¿Por qué lo llaman pelotazo cuando quieren decir lefazo?
No sé cómo lo habréis visto vosotros, pero desde mi perspectiva, tengo la impresión –puede que me equivoque, o no­–  de que, entiéndase en sentido figurado obviamente, este gibraltareño se la ha sacado, os ha lefado la cara a TODOS los que aún apostáis en esta casa, os va a tirar un billete de 5 euros a la cara (en forma de bonos, ofertas, recomendaciones, publicidad,…) y la única incógnita que aún queda por despejar es saber qué vais a hacer al respecto: aceptar el billete y volver mañana a por más, o no. No parece una elección muy difícil.

Caso 3, día 18 de abril (dan información falsa, y perjudicial para el cliente, respecto a tributación):

–Por si fuese poco un usuario contacta conmigo para preguntarme si dejando el dinero en su cuenta de juego, sin retirarlo al banco, tiene obligación de tributar por ello, porque en una casa de apuestas le han dicho (y le han repetido), que si no hace la retirada no tiene que declararlo.

Por supuesto le he dicho que era totalmente falso, ya que tiene obligación de tributar por las ganancias netas anuales, independientemente de que ordene retirarlo o no a su cuenta bancaria. Y que además, de no hacerlo así, podría acarrearle consecuencias graves a él (y no al empleado de la casa de apuestas que le ha facilitado información –deliberadamente falsa–, para intentar que el cliente no retirase su dinero, ya que cuanto más dinero tienes en tu cuenta de juego, más probabilidades hay de que lo arriesgues y lo pierdas, y si por casualidad ganas, la casa ya sabe lo que tiene que hacer en ese caso, como acabamos de ver).
¿Adivináis de que operador se trata? Si, habéis acertado, William Hill.
William Hill
william hill

Por suerte, este cliente ya conoce el percal y sabe que las casas de apuestas españolas carecen de credibilidad y son menos de fiar que los escorpiones, porque de haber actuado conforme a la información y consejo de William Hill, dentro de un par de años habría recibido una carta del Sr. Montoro, y no precisamente para desearle Felices Fiestas.

En solo unos días William Hill nos ha proporcionado una fiel imagen de la realidad del sector (muy alejada de ese entorno de Juego Seguro, Juego Responsable y demás falacias que nos quieren “vender”): casas totalmente fuera de control, absoluta inseguridad jurídica para los clientes, Administración connivente…
En definitiva, el sector del juego español empieza a parecerse demasiado a un enorme y maloliente montón de basura, impropio de ningún país mínimamente avanzado.
Perece que vamos camino de convertirnos en república, eso sí, bananera.

Llevo un tiempo fuera del mercado, pero creo que en estos momentos en España TODAS las casas de apuestas aún:

– incluyen en los contratos de juego (contratos de adhesión que el cliente no puede negociar: lo tomas o lo dejas) cláusulas idénticas a las que ya han sido consideradas abusivas por diferentes jueces, y en las que se reservan el derecho a hacer todo lo que habéis visto; es lo que yo denomino coloquialmente, y para abreviar porque suelen ser cláusulas un poco más extensas, “la cláusula de puedo hacer lo que me salga de los cojones”, y ya veis que la denominación no es tan exagerada, puede que hasta se quede corta.  

limitan, o expulsan, a los jugadores que ganan dinero, mientras permiten apostar (e incluso incentivan) a los perdedores, lo que por lo visto fomentaría el Juego Responsable, que, según la DGOJ, parece consisitir en algo así como divertirse perdiendo dinero (ya sabéis, la memez del "ocio, diversión, entretenimiento" http://www.leydeljuego.es/2016/03/ocio-diversion-entretenimiento.html ); algunas de las casas lo niegan (normalmente las de origen español), mientras otras (las de origen anglosajón) lo reconocen abiertamente, pero todas limitan a los ganadores. Yo, por ejemplo, estaba limitado (a cantidades ridículas, que no llegan al euro en muchos casos) o expulsado en todas las casas “.es” en las que me he registrado, que son la mayoría.

– ofrecen una inseguridad jurídica absoluta a sus clientes, ya que NO garantizan el cobro de las apuestas a los ganadores. El hecho de que paguen la mayoría de las apuestas obviamente no es suficiente, y por supuesto no es motivo de orgullo como parece serlo para muchas casas: Circus por ejemplo, como argumento de defensa, presumía ante el juez de que SOLO había dejado de pagar el 2,5% de las apuestas realizadas (porcentaje que sería más elevado si tenemos en cuenta que muchas de las apuestas son perdedoras, y no necesitan ser pagadas), y en este artículo http://www.leydeljuego.es/2017/09/condenas–pares–para–circus–efectos.html veíamos lo absurdo que resulta este planteamiento.
Y es que una casa de apuestas se dedica exclusivamente a cobrar y pagar apuestas, no hace otra cosa, y por tanto si no puede garantizar el pago de las apuestas a sus clientes, tendría que prohibírsele prestar servicios de juego, pero por desgracia no ocurre así.

Esto es obviamente muy negativo (para los jugadores que padecen esta situación), pero tiene su lado positivo: la situación ya no puede empeorar más, la asimetría en estos momentos es total: las casas tienen todos los derechos y ninguna obligación, y los jugadores tienen todas las obligaciones y ningún derecho. Así que los jugadores, literalmente, ya no tienen nada que perder, se ha tocado fondo.

William Hill lo ha dejado claro: los jugadores españoles no tienen derecho a apostar, simplemente pueden firmar cheques en blanco que luego la casa rellena a su antojo. Cuando tú crees que estás apostando a, por ejemplo, que “Nadal ganará Roland Garros a cuota 3,50”, en realidad estás apostando a que “…………………….…. a cuota …..”. Tú pagas ahora, y posteriormente, la casa, de forma unilateral y sin tu consentimiento, decidirá a qué has apostado y con qué cuota. Como puedes ver en los casos 1 y 2, la casa se reserva el derecho a modificar todos los términos de una apuesta, desde el enunciado a la cuota, e incluso a anularla si lo considera oportuno.

Solo el 3 ó el 5% de los jugadores ganan dinero, y aún así esto les resulta insoportable, y tratan de erradicar a todos los ganadores como sea. Una cosa es el lícito afán de lucro, y otra la avaricia desmedida, que raya lo patológico en el caso de las casas de apuestas. Yo creo si les ofreciesen ganar 520 millones sin perjudicar a nadie, o 519 millones causando el máximo perjuicio posible a la sociedad, elegirían lo segundo sin pensárselo. Ellos no tienen límites y la Administración no se los impone. Mala, y peligrosa, combinación.



Decía Salomón que “todo tiene su tiempo”: Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;…”, y ciertamente es así.

Fase 1: Esta, que acabamos de describir, era la situación inicial del sector (allá por el año 2012), y apenas ha variado desde entonces. Una situación que incomprensiblemente muchos aceptaban e incluso defendían. En ese momento parecía que ni siquiera podías quejarte, porque siempre salían los listos que –con rotundidad, para que la gente pensase que tenían razón– soltaban sus frases lapidarias: es normal, todas lo hacen, nadie te obliga a apostar, vosotros lo habéis firmado,…, y la gente casi se lo creía.

Fase 2: Las cosas siguen igual que en la fase 1, no se aprecian cambios, pero la gente empieza a cuestionarse los absurdos dogmas que les quieren imponer: cuando firmas un contrato de adhesión –no negociado– hay leyes que impiden que la parte que impone sus condiciones abuse de esa posición de poder, que algo sea habitual no implica que sea legal y/o justo... La gente se da cuenta que aquellos listos, en realidad no lo eran tanto, y que solo decían soplapolleces.

Fase 3: La discrepancia ya no es una rareza, y comienzan las primeras acciones, que pueden empezar producir los primeros –mínimos– cambios.
Obviamente cuando uno se pone en acción, es cuando, para bien o para mal, suceden cosas. Este es el momento en el que te puedes (y te vas a) llevar grandes decepciones, y también algunas alegrías.
Además al ser un tema totalmente novedoso, en el que alguien tiene que abrir camino, es muy difícil predecir los acontecimientos: un obstáculo o una oportunidad puede surgir en cualquier momento, y hay que saber improvisar sobre la marcha y ser flexible para hacer constantes correcciones de rumbo.

Hay muchos ejemplos de decepciones: comprobar que la DGOJ no utiliza las herramientas de las que dispone para regular el sector y para proteger los intereses de los participantes, que la Fiscalía tampoco vea nada extraño, que los medios de comunicación silencien totalmente estos abusos, ... Algunas las puedes intuir (y encajas el golpe con cierta facilidad), pero otras son totalmente inesperadas (y las acusas más). Pero no queda más remedio que reponerte o abandonar.
Y también te llevas alegrías, cuando ves que se producen algunos avances. No os imagináis lo gratificante que es ver como distintos jueces (del orden jurisdiccional civil en este caso) de toda España –en lugar de mirar para otro lado o incluso apoyar estos flagrantes abusos, como hacen otros personajes de baja catadura moral– deciden hacer Justicia (en el sentido más amplio del término). Sí, lo reconozco, como diría Robert Duvall: “Me encanta el olor a Justicia por la mañana”.

Y aunque los avances no sean tan visibles como a algunos les gustaría, están ahí.
En el año 2012, las casas de apuestas estaban encantadas de ir a los tribunales, ya que pensaban que sería un paseo triunfal como en otros estamentos.
Hoy en día sin embargo, la perspectiva de dar explicaciones a un juez ya no es tan gozosa para los operadores, y son mucho más proclives a buscar soluciones extrajudiciales. Esa es la diferencia sustancial con 2012.

Estos jueces, que ya han dictado más 10 condenas (algunas no las he podido publicar todas porque no tengo la autorización del demandante), son los que han propiciado este cambio de postura de las casas de apuestas, y los jugadores han de estar eternamente agradecidos por ello.
Pero, desgraciadamente, estos jueces no disponen de potestad sancionadora (que tiene la DGOJ, y el ministro –a propuesta de la DGOJ– en el caso de las infracciones muy graves) y tampoco pueden imponer penas de cárcel (que también resultarían disuasorias para las casas), y esto limita bastante las posibilidades de conseguir más avances si no se hace algo más.
Ninguna casa de apuestas –condenada o no– ha realizado modificación alguna en los contratos, en el sentido de eliminar las cláusulas abusivas, que las casas “.es” incluyen en sus Términos y Condiciones.
Solo una ha hecho modificaciones, y ha sido para intentar burlar la ley, retorciendo la redacción de la cláusula, que sigue conservando exactamente los mismos componentes de arbitrariedad, vinculación a la sola voluntad de una de las partes (la empresa), …, que hacen que siga siendo igual de abusiva. Antes tenía 4 líneas, ahora 40, pero ningún cambio sustancial, simplemente ahora se parece más a “la parte contratante de la primera parte…”, que parodiaban los Hermanos Marx.

Esta es la situación actual, ahora mismo, y hay que plantearse, si es la situación ideal (quiero pensar que todos convendremos en que dista mucho de serlo) y si limitarse a seguir haciendo lo mismo que hasta ahora, es suficiente para mejorar.

En estos momentos es posible que para cobrar tengas que:
–esperar unos 6 meses, si se produce un acuerdo;
–esperar 1 año, si la casa te obliga a ir a un Juzgado de Primera Instancia;
–esperar 2 ó 3 años, si la casa te obliga a llegar hasta la Audiencia Provincial;
–o esperar hasta 4 ó 5 años, si la casa te obliga a llegar al Tribunal Supremo.

Es decir que actualmente, si a la casa de apuestas se le antoja, tendrías que invertir dinero, y mucho tiempo, para cobrar algo que –teóricamente, después de la mal llamada Regulación– tienes derecho a cobrar de inmediato y sin coste alguno. Y la casa de apuestas no sufriría ninguna sanción por impago, a pesar de que el impago esta expresamente tipificado como infracción grave o muy grave en función de la reiteración. Algún día, la DGOJ debería pedir perdón por su inoperancia (por no usar otra palabra más descriptiva).

Si los jugadores se limitan a lo de siempre (el cliente demanda a título individual, y la casa –bien por acuerdo o por sentencia– simplemente acaba pagando lo que debe), la situación seguirá estancada. Si con más de 10 sentencias, ni una sola casa ha decidido dar un paso adelante, y ofrecer un servicio decente (eliminando las cláusulas abusivas), no veo por qué habrían de hacerlo con 15 ó 20 sentencias más. Por no mencionar que las casas lo tienen muy fácil para limitar el número de sentencias: solo tienen que pagar antes del juicio a los pocos que demanden, y cortarían la sangría de condenas. Es una situación en la que las casas de apuestas aún se encuentran muy cómodas.
Si algún día el Tribunal Supremo se pronuncia a nuestro favor, ya se producirá un salto cualitativo importante, que se analizará en su momento, pero aún habrá que esperar para eso. En lugar de esperar de brazos cruzados, parece más sensato explorar otras alternativas mientras tanto.

Por eso creo que este caso de William Hill es tan especial: es tan burdo y afecta a tanta gente, que debería aprovecharse para hacer algo distinto, algo más. Los jugadores no pueden, no deben, dejar pasar esta oportunidad.
Se están riendo en vuestra puta cara, y vuestra única respuesta espero, por vuestro bien, que no sea volver mañana a por otra ronda humillaciones, confiando en que los afectados sean otros.
Este interminable día de la marmota, que se repite desde hace 6 años, no puede prolongarse eternamente.

Supongo que algo he tenido que hacer mal para que a estas alturas los jugadores no sean realmente conscientes de la gravedad de la situación.
Os muestro como las casas han sido condenadas en reiteradas ocasiones por prácticas abusivas, que ninguna de ellas –condenada o no– ha realizado modificación alguna en los contratos, y continúan actuando exactamente igual; y veo que seguís jugando en las mismas casas, como si nada.
Y esto me lleva a cuestionarme cuál es mi legitimidad para exigir que las casas de apuestas os dispensen un trato justo y presten un servicio, al menos, digno, si vosotros os conformáis con el lamentable servicio que os ofrecen actualmente.

Soy plenamente consciente de que la tarea era muy complicada, porque se trata de luchar contra un grupo de multinacionales (con recursos económicos y humanos casi ilimitados), dirigidas por algunos de los hombres más ricos de España, que, por si fuese poco, están apoyadas –incondicional y despreciablemente– por la Administración (con el formidable poder que tiene el Estado) y los medios de comunicación (con su enorme capacidad para crear opinión y, por qué no decirlo, para mentir y ocultar la verdad, si les resulta beneficioso), pero eso no es excusa.

Sé que solo soy un tipo normal que apela a vuestra inteligencia, valor, dignidad, honor,…, frente a una enorme maquinaria propagandística que apela a vuestra estupidez, miedo, resignación,…, pero me gustaría pensar no os dejaréis engañar eternamente y que, en algún momento (hoy, por ejemplo) asumiréis cuál es la realidad y la necesidad de cambiarla.

Los jueces pueden hacer su parte, yo (u otra persona) puede aportar su granito de arena, pero debéis asumir que sois TODOS vosotros -en conjunto- los que tenéis que hacer algo.

Teniendo en cuenta que el 95% (o más) de los jugadores pierden dinero, lo recomendable es que no apostéis. Pero si queréis apostar, tendríais que hacerlo en una casa que ofrezca unas mínimas garantías (tener garantizado el cobro de los premios es lo mínimo que hay que exigir a una casa, lo mínimo para empezar; luego, paso a paso, habría que afrontar los otros problemas del sector).

Yo ya llevo mucho tiempo sin apostar, y no volveré a hacerlo (por mucho que cambien las casas), por lo que los beneficios (o perjuicios) de vuestras acciones (u omisiones) serán para vosotros. Yo os puedo aportar consejos o recomendaciones, desde la perspectiva que tiene un exjugador que no está enfrascado en ese día a día de mirar partidos, pero el resto está en vuestras manos.

Ahora ya sé cómo debió de sentirse Moisés, que estuvo dando vueltas en círculo por el desierto durante 40 años con su pueblo, sabiendo (tras el incidente de Merivá) que él no iba a pisar la Tierra Prometida.
Y, como creo que ya hemos llegado a los montes Garizim y Ebal, yo también (con la colaboración –a su pesar– de William Hill) os voy a pedir que elijáis: bien o mal. (Tranquilos, ninguna de las dos alternativas que os voy a presentar os va a costar dinero o esfuerzo, para que esto no condicione vuestra decisión).


Pero antes de continuar, y de plantearos, cuál es exactamente el dilema al que os vais a enfrentar, quiero contaros dos historias: una muy cercana que todos conocéis, y otra más desconocida pero que guarda un interesante paralelismo con la situación actual del sector de las apuestas en España, y que es muy ilustrativa.

Ejemplo 1.
Los jubilados españoles, al comprobar que el Gobierno pretendía revalorizar sus pensiones un 0,25%, de forma que perderían –aproximadamente (de cara a este ejemplo, unas décimas más o menos no son relevantes)– un 1 % de poder adquisitivo, a pesar de que la medida era totalmente legal, pero convencidos de que era absolutamente injusta, deciden actuar.
Cuando un Gobierno (elegido democráticamente, sometido a ciertos controles, y con una asesoría legal del máximo nivel) toma una medida hemos de suponer que es legal, salvo que luego los tribunales dicten lo contrario. Pero a priori, son legales.

Mientras los jugadores españoles permiten que unas empresas les sustraigan más del 97 % de sus ganancias (el 100 % en el caso de las anulaciones), amparándose en normas privadas (que además ya han sido consideradas ilegales –por abusivas– por varios jueces) y que son manifiestamente injustas, deciden no hacer nada. La situación es muy parecida; incluso a los jugadores les quitan mucho más y la legalidad de la norma es mucho más dudosa, por lo que deberían estar más motivados para reaccionar, y sin embargo no es así.
Cuando un gibraltareño ocioso decide escribir unas normas privadas, que no han sido refrendadas por ninguna autoridad (la DGOJ se limita a recibir y almacenar una copia de dichas normas, sin más), no hay motivo, a priori, para suponer que sean, o no, legales.

Ejemplo 2.
Menos conocido, pero mucho más parecido al caso de los apostantes españoles (hay muchos enlaces en internet, os dejo uno: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20110630/un–boicot–organizado–a–traves–de–internet–logra–bajar–el–precio–del–requeson–en–israel–1060535).
El requesón es un producto muy popular en Israel, especialmente entre las clases más humildes, y el Gobierno ofrecía ayudas a las empresas para que su precio fuese asequible (sobre un euro).
Este Gobierno un día decide eliminar dichas ayudas, y permitir que la “bondad” del mercado fije libremente su precio, argumentando que le libre competencia iba a redundar sin duda en beneficio de los consumidores.
Obviamente el Gobierno mentía, y 4 años después el requesón casi había doblado su precio (creo que había subido un 90 % o algo así).
La medida era totalmente legal, incluso tenía la bendición del Gobierno, pero cualquier persona decente comprende es manifiestamente injusta, y especialmente perjudicial para los más desfavorecidos.

Pues un ciudadano, normal y corriente, como tú o como yo (no penséis que por estar en Israel se trataba de un superagente del Mossad o algo así) decidió rebelarse. Uso su cuenta en una red social (con pocas decenas de seguidores) para proponer a los israelíes que dejasen de comprar el requesón, a pesar de ser uno de los postres más arraigados en el país y que a menos de 2 euros aún no había alcanzado un precio prohibitivo para la mayoría de la población.

La reacción de la población fue envidiable. Nadie buscó excusas, ni pretextos, ni miró para otro lado porque a él la subida no le afectaba demasiado, ni justificó la miserable actuación de las grandes compañías lácteas del país, ni se planteó que él hubiese preferido actuar antes o después o que había problemas más graves… Estoy seguro de que todos estaban deseando comprarlo, para ellos o para sus hijos, pero aún deseaban más conservar su dignidad y luchar para no dejarse pisotear por nadie, por muy legal que fuese dicho abuso de poder.
Todos tuvieron muy claro que se trataba de una injusticia y que había que actuar, sin excusas, sin pretextos, sin miedo, y todos asumieron que, como rezaba el acertadísimo lema de la protesta: “Si no somos capaces de dominar nuestro deseo de comprar requesón, no somos dignos de poder comprarlo a un precio razonable”.  Eso es un lema, y lo demás son tonterías.

Las empresas reaccionaron con la misma soberbia que lo habrían hecho las casas de apuestas:
–primero, pasando del tema como si no les afectase,
–después, tirando de marketing anunciando productos “novedosos” y tonterías varias, para intentar distraer al público,
–en el colmo de la prepotencia, la presidenta de la empresa dominante del sector decidió sacar el palo para demostrar quién mandaba, emitiendo un comunicado diciendo que no iban a bajar los precios y punto, porque lo que hacían era legal (craso error),
–ante esta provocación, la protesta pasó de ser relevante a ser masiva, los consumidores dejaron de consumir de forma radical no solo el requesón, sino también los demás productos de esa marca, haciendo saltar todas las alarmas en la empresa,
–en un par de semanas, esa misma presidenta, en un tono conciliador, anunciaba las primeras bajadas de precios,
–pero los rebeldes ya no estaban dispuestos a conformarse con migajas, querían, merecían, exigían, un precio justo y razonable, que acabaron consiguiendo (junto con alguna dimisión en la cúpula directiva de esas empresas).

El paralelismo es innegable: empresas que, con la connivencia de la Administración y el Gobierno, quieren joder a los consumidores hasta el infinito y más allá, una situación insostenible, un factor desencadenante que es la gota que colma el vaso…
La única diferencia sustancial es que, en el caso de Israel, la prensa se posicionó del lado de las víctimas, y no del de los verdugos, como ocurre en España; pero ese es un hándicap que tendréis que asumir.
A cambio tenéis la ventaja de que vuestra situación no puede empeorar (como explicamos antes), mientras que esos “come–requesones” sí que asumieron riesgos, porque las empresas podían haber subido aún más los precios (después de ver cómo se desarrolló la protesta, es obvio que una subida de precios habría sido suicida, pero a priori, dudo que el modesto impulsor de la protesta tuviese la certeza de que iba a ser un rotundo éxito).

La pregunta, después de conocer estas historias, es: ¿cómo deberíais reaccionar vosotros a la enésima provocación de William Hill? Sé que queréis un servicio justo y digno, pero ¿lo merecéis? Ha llegado el momento de desmostrarlo.

Hay trenes que no pasan dos veces, o que hay que esperar mucho para que vuelvan a pasar por segunda vez. William Hill, obviamente a su pesar, os está dando la oportunidad, y yo os daré las herramientas (vosotros decidiréis si queréis usarlas) para enviar un mensaje, claro y nítido, a William Hill, y también a todas las demás casas de apuestas.

A William Hill se le ha ido la mano, o la cabeza, o ambas, y dudo que ninguna empresa vuelva a ser tan torpe como para en un período tan corto de tiempo, cometer tal variedad de abusos de toda índole. La dosis que suelen administraros en varias semanas o meses, os la han inyectado concentrada en 3 días, por lo que sus efectos son tan visibles, que:
–ha dejado sin excusas a los perezosos que siempre buscan motivos para escaquearse,
–ha puesto a los lameculos que siempre defienden la actuación de las casas de apuestas en una situación (aún más) insostenible,
–y lo que es más importante, obliga a posicionarse a los acérrimos militantes del Partido del “Pero” y a los impenitentes miembros de la Cofradía de la Santa Equidistancia, que tan útiles han sido –algunos sin saberlo, otros sabiendo muy bien lo que hacían– en el pasado a las casas de apuestas, distrayendo (con debates exquisitamente fundamentados en muchos casos, pero estériles e inoportunos) del principal, y más urgente, problema que deben afrontar los jugadores.

William Hill ha obligado a TODO el mundo a retratarse, aquí y ahora. Si alguien no quiere pronunciarse al respecto en este momento porque no le apetece, con esa postura ya se está pronunciando.
Lo que os ha planteado William Hill es un test ­–de dignidad–, al que solo podéis responder sí o no; no hay más alternativas. Si buscas una tercera vía que te permita disimular tu verdadera opinión, no la hay, o estás con la víctima o con el agresor, el bien o el mal, Garizim o Ebal. Pocas veces te enfrentarás a una decisión tan fácil en tu vida.
Como decía Yoda, el reputado maestro Jedi: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”.


II. RECOMENDACIÓN

En este punto seré muy breve, para que nadie diga que no le ha quedado claro lo que debe hacer. Los motivos ya han sido explicados anteriormente, y serán aclarados en la siguiente sección (por si alguien tiene dudas).
Muchos (a sueldo de la casa de apuestas) os van a recomendar apostar en esta, o en otra; yo (que no estoy a sueldo de nadie) os voy a recomendar todo lo contrario. Vosotros tenéis que decidir:

ACCIÓN RECOMENDADA:
Retira inmediatamente TODO tu saldo de William Hill y deja de apostar completamente en esta casa, de manera indefinida.

Recuerda: “Si no eres capaz de dominar tu deseo de apostar, no eres digno de poder hacerlo en condiciones justas”


III. PREGUNTAS (Y DUDAS) FRECUENTES:

1.– ¿Descartas completamente la vía judicial en este caso?

Respuesta: No, en absoluto. Si William Hill no rectifica, necesariamente el siguiente paso será recurrir a la vía judicial por supuesto.

Pero la primera opción, por la naturaleza del caso, es que William Hill se convenza, con la medida propuesta (o más bien con los efectos económicos que la misma le produzca) de que tiene rectificar, que tenga claro que no puede obtener beneficio alguno de sus continuos abusos. Esta es una medida de carácter indefinido, que se mantendrá hasta que la casa rectifique.

En este caso, por las particularidades y “agravantes” que presenta: número de afectados, publicidad, …, considero que demandar sin más, de manera individualizada, no es la opción idónea.
Al ser tantos afectados deberíais plantearos una acción colectiva, que ya se estudiaría en su momento, si fuese necesario.

2.– Hola. Soy miembro de la Cofradía de la Santa Equidistancia, y discrepo de lo que dices.
TODAS las casas cometen estos mismos abusos, así que no entiendo por qué solo debería dejar de apostar en esta casita. Podrías explicármelo.

Respuesta: Te agradezco la pregunta, hermano. Si bien partes de una premisa impecablemente cierta para intentar justificar tu decisión de seguir apostando en WH, la conclusión a la que llegas, no es correcta.
Si todas las casas cometen los mismos abusos, lo ideal no es seguir apostando en todas las casas, como tú insinúas, sino todo lo contrario: lo ideal es dejar de apostar en todas (como hago yo mismo, por ejemplo).
Pero el problema es que eso ya se ha intentado, y los jugadores no están ni de lejos preparados para dicha tarea, por lo que resultaría absurdo (por muy humano que sea) tropezar dos veces en la misma piedra.
Como bien sabrás, a cada uno hay que darle el alimento que pueda digerir: desde el bebe que solo toma leche materna, hasta el adulto que puede comer de todo, se produce una lenta evolución que no conviene forzar. Los apostantes hoy no están preparados para digerir “dejar de apostar en todas las casas a la vez”, por lo que hay que proponerles algo que sí puedan digerir, como “dejar de apostar en una sola casa”: WH en este caso, por méritos propios, lejos de cualquier arbitrariedad (como se he visto).
Además los efectos de la medida serían muy similares, porque el mensaje no solo lo recibiría WH, las demás también tomarían buena nota.

No obstante lo anterior, es una propuesta de mínimos: dejar de apostar en William Hill no implica en modo alguno tener que apostar en otras casas, así que, si tienes fuerza de voluntad, te invito a que dejes de apostar en todas las casas “.es”, como yo he hecho desde hace mucho tiempo (ya ves que predico con el ejemplo).

3.– Saludos. Soy veterano militante del Partido del “Pero”, y estoy de acuerdo en lo sustancial, PERO creo que no es justo el tratamiento que has dado a los de mi partido, bla, bla, bla,…… (editado porque estaba poniendo peros, que no incidían en el problema fundamental, durante cinco páginas).

Respuesta: Saludos, camarada. No sé si te has dado cuenta de que, inadvertidamente o no, caes en los mismos errores del pasado y que yo señalo en el artículo: te quedas mirando, y poniendo peros, al insignificante dedo, en lugar de contemplar la enorme luna.
Yo entiendo que es imposible poner un pero a la actuación de William Hill, y que si tu ilusión en la vida es encontrar un pero para todo, resulte más fácil criticar un artículo, manifiestamente mejorable en las formas (porque no he tenido el tiempo que me gustaría para escribirlo), aunque creo que bastante certero en el fondo.
Después de lo que ha hecho William Hill, ¿crees que lo más relevante es la forma de contarlo, y que tú te hayas sentido un poco dolido por mis palabras (que por otra parte buscaban concienciarte, y no herirte)?
¿Lo verdaderamente importante son los abusos de William Hill o la forma de mi decir (cómo cantaba Roberto Carlos)?
No podemos caer permanentemente en el error de alimentar debates sobre temas que carecen de toda importancia, mientras desatendemos los asuntos urgentes e importantes. Mientras se está quemando la casa, no podemos discutir sobre qué chaqueta te gusta más o qué bolígrafo te vas a comprar. Cuando apaguemos el incendio, que aún va a tardar, ya habrá tiempo para discutir sobre las nimiedades que a algunos tanto parecen preocupar.
Ahora no toca.

         4.– Hola. Yo no soy de ningún partido ni de ninguna cofradía, pero no lo veo claro. Además, que yo deje de apostar no va a cambiar nada, William Hill es muy grande… No sé si merece la pena.

Respuesta: Hola. Las excusas son como los culos, todos tenemos uno; pero en el caso de los jugadores parece que siempre tienen 2 ó 3 (excusas, me refiero).
Si quieres buscar una excusa para no hacer algo siempre la vas a encontrar. Yo no te voy a ofrecer garantías, pero como solo hagas algo cuando tengas garantizado un 100% de posibilidades de éxito, vas a hacer muy pocas (o ninguna) cosas en la vida.
Lo que sí te puedo garantizar es que ningún presidente de una casa de apuestas va a tener una epifanía moral espontánea, y va a decidir ofrecerte un servicio digno así de la noche a la mañana, sin ningún incentivo.

Por otra parte, puede que encuentres excusas, pero no existe un solo motivo racional para apostar en William Hill, ni uno:
–si ofrece una mala apuesta, serías estúpido si la realizases (por motivos evidentes), y
–si ofrece una buena apuesta, también serías estúpido si la realizases, ya que como está demostrado, en realidad todas las apuestas en WH son “……………………… a cuota …..” (y además le estarías enviando, quieras o no, un mensaje de apoyo a los abusos cometidos).

En el ejemplo del requesón, también eran empresas de cierta entidad (no serán comparables a las grandes casas bookies, pero tampoco dos pastores con media docena de vacas, no te equivoques). Toda empresa depende de sus clientes, y si los encabrona lo suficiente (yo creo que por fin una casa de apuestas, está vez, lo va a conseguir) acaba retractándose o cerrando. Al menos es así, cuando sus clientes tienen un mínimo de dignidad y determinación.

Además, en términos de coste/beneficio, con esta iniciativa no tienes nada que perder en ningún sentido: no te cuesta absolutamente nada y la situación no puede empeorar (porque no van a incluir cláusulas en las que se reservan el derecho a quedarse con tu 2º hijo o a quemarte la casa). ¿Y cuántas veces crees que vas a tener la oportunidad de secundar una protesta, indubitablemente justa, mientras juegas a la Play (Xbox o lo que sea) o duermes la siesta o vas a la playa?
Más fácil no te lo pueden poner:
–Nadie te pide que salgas a la calle o realices ningún esfuerzo físico
–Nadie te pide que gastes dinero
–Nadie te pide que hagas algo
–Solo se te pide que NO hagas algo.
–Es una medida que puedes mantener sin problema de manera indefinida, durante semanas o meses, ya que sigues disponiendo de numerosas casas de apuestas en las que apostar, si quieres hacerlo.

Y, todo hay que decirlo, también hay ciertos intangibles que deben valorarse: la satisfacción de saber que haces lo que debes, saber que un niño de 7 años capaz de renunciar a su merienda favorita no tiene más fuerza de voluntad que tú (algo que sería muy preocupante si tienes más de 7 años) …

WH ha decidido explorar los límites de la tolerancia a la humillación de los jugadores españoles, y ya no hay vuelta atrás, el órdago que te han lanzado está ahí: o lo ves o te achantas.
Ahora todas las miradas están pendientes de los resultados:
–si conseguís hacer mella en William Hill, a partir de ahora las casas se lo pensarán dos veces antes de volver a tocaros las narices (se llama respeto)
–si no conseguís que William Hill rectifique, las casas seguirán igual, y habréis perdido una valiosa oportunidad.

Tenéis que asumir que hay mucha gente viviendo muy bien, viviendo de puta madre, a costa de los jugadores de a pie, que sois los que mantenéis todo este chiringuito. Ellos no van a cambiar nada voluntariamente, tendréis que incentivarlos, con esos pequeños gestos que todos podéis hacer sin que os cueste nada.
¿Qué quiere un programa de televisión? ¿Audiencia? Pues deja de ver aquellos que promocionen basura.
¿Qué quiere un influencer o un cantamañanas? ¿Seguidores? ¿Interacciones positivas o como se llamen en cualquier red social? Pues ya sabes lo que hacer; se supone que sois la generación que ha nacido con un smartphone en la mano, sabéis más vosotros que yo. Y muchos de vosotros también tenéis muchos seguidores, tenéis cierta capacidad de influir, podéis recomendar o no,...
Pero siempre con extrema educación, esto es básico, y no es negociable.

6.– Y si tú ya no apuestas ¿para qué te metes donde no te importa?

Respuesta: Tú no me conoces lo bastante para saber lo que me importa o no.
No te imaginas la cantidad de tiempo (que no es infinito para mí, ni para nadie) que he dedicado a intentar responder –con más o menos acierto– a vuestras dudas y orientaros en una materia tan novedosa para todos como esta, y el dinero que ya he perdido por desatender mis propios asuntos (y el dinero que he estado a punto de perder –a Dios gracias, solo he estado a punto– por el mismo motivo). Y jamás os he pedido nada a cambio. Puede que por ello, algunos hayan pensado que como no cobro, lo que yo hago no vale nada; tal vez confunden valor y precio, es un error muy común.
Cierto que nadie me ha obligado, si lo he hecho es porque consideraba que es lo que debía hacer (suena raro, pero en pleno siglo XXI algunos aún nos regimos por estrictos códigos de conducta), y porque las circunstancias me han llevado –sin saber muy bien cómo ni por qué– a ello: cuando escribí mi primera queja en mi blog personal, que ni siquiera tenía nombre, no imaginaba hasta dónde iba a llegar el tema, ni el enorme montón de porquería que se escondía tras el sector del juego en España.

Quiero aclarar también, para que no penséis que soy un ingrato, que sé perfectamente que muchos de vosotros me aparecíais y me valoráis, y me lo habéis demostrado durante estos años, y os lo agradezco infinitamente; de hecho es el único motivo por el que no he cerrado mi cuenta de Twitter todavía: por consideración a los jugadores que tan bien me habíais recibido en Twitter, a pesar de mis nulas dotes para las redes sociales.
Sé que hay 100 ó 200 (puede que alguno más) jugadores serios que me respetan y valoran lo que hago y digo, y reitero mi agradecimiento, pero la realidad es que para el 99% de los jugadores lo que yo diga importa una puta mierda: sale un periodista conocido, o un “influencer”, o cualquier cantamañanas, recomendando apostar en alguna casa que yo he demostrado que desprecia a sus clientes y que en muchos casos incluso actúa ilegalmente (ahí están las condenas) y van todos los jugadores a apostar como borregos. Es acojonante, pero es así. No sé qué tiene que hacer una casa para que la gente deje de apostar en ella.

Yo no quiero el dinero de un jugador con problemas (tranquilos, que este no es el paso previo para empezar a cobrar), ni el dinero sucio de una casa de apuestas a cambio de promoción y silencio vergonzante, ni ser famoso… Lo que yo busco –y sin lo que carece de sentido seguir adelante– es JUSTICIA y RESPETO, eso es lo que me importa.
La justicia la busco en las instituciones que deben brindármela, o tal vez debería utilizar el singular, ya que –de momento– solo los Juzgados y Tribunales del Orden Jurisdiccional Civil parecen dispuestos a plantar cara a las todopoderosas multinacionales del juego.
El respeto lo busco en aquellos a los que intento ayudar, entre los que considero los míos, y tras cinco años quiero comprobar, si me lo he ganado. 

El test lo ha planteado William Hill, pero yo voy a tomar buena nota de los resultados, y actuar en consecuencia. Dar vueltas por el desierto cansa mucho, muchísimo, y todo tiene su momento. Creo que el momento de dar vueltas sin más ya ha pasado, hay que superarlo o abandonar.

7.– ¿No podías haberlo resumido un poco?, casi se me caen los ojos, la próxima vez espero a que lo saquen en DVD…

Respuesta: Me he pasado parte del sábado y el domingo escribiendo esto, así que perdona si no me saltan las lágrimas al ver que tú has tenido que dedicar 10 minutos a leerlo.
Yo no soy de los que busca el camino fácil, de los que se conforman con el eslogan pegadizo, yo busco convencer desde la reflexión, sin prisa. Recuerda que, como apuntaba el gran Marcelo Bielsa (citando a Menotti): “el que cruza el jardín evitando el ángulo de 90 grados pisa la flor y llega más rápido; el que recorre el ángulo de 90 grados tarda más pero no daña las flores”.  
Sé que voy contra corriente, que no está de moda,…, pero son mis costumbres, y hay que respetarlas.


IV. Resumen

Por si no te has dado cuenta estás en medio de la tormenta perfecta: empresarios sin escrúpulos, ¿clientes sin valor?, políticos sin principios, periodistas sin ética y funcionarios sin conciencia. 
Así que abre los ojos de una puta vez, y reacciona, porque si no puedes estar seguro de que vas a estar comiendo mierda los próximos 40 años (con una probabilidad del 100%).

Tú decides. 

Buenas noches, y buena suerte

6 comentarios:

  1. Buenos días.

    Quería comentar un caso que me ha ocurrido para ver si pudieras aconsejarme porque voy a poner una reclamación pero no estoy seguro de como enfocarla ni que medio utilizar.

    Hace ya 2 meses realicé una apuesta a un partido de tenis que resultó ganadora. Tras terminar el partido, me di cuenta de que la apuesta seguía pendiente y no la marcaban como ganadora en la página (William Hill). Al cabo de un rato intenté volver a entrar en mi cuenta y me la habían cerrado. Me puse en contacto con ellos y me dijeron que el partido sobre el que había realizado la apuesta estaba siendo investigado y que por eso me habían cerrado la cuenta hasta que finalizase la investigación. A día de hoy han pasado ya más de 2 meses y todas las contestaciones que he recibido han sido del mismo tipo, sin darme ningún tipo de información al respecto, únicamente me dicen que el partido está siendo investigado por la autoridad competente y que no depende de ellos. Yo sé de buena mano que esto es mentira y que no hay ninguna investigación al respecto, y aún así sigo teniendo la cuenta cerrada y no puedo acceder ni al dinero de la apuesta que fue ganadora ni al resto de dinero que había en mi cuenta.
    Es una cantidad importante de dinero, por lo que me gustaría saber qué medida me recomiendas tomar, ya que tenía pensado poner una reclamación a la DGOJ. También he visto que si la cantidad es menor de 2.000 euros se puede hacer por medio de un juicio verbal. Agradecería enormemente si me pudieras aconsejar al respecto.

    Un saludo y muchas gracias de antemano.

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    1. Hola.

      De vez en cuando hay algunos clientes que me comentan casos como el tuyo: siempre alegan una (supuesta) investigación, sin dar ninguna información al respecto, y los clientes siempre dicen que no han visto nada "extraño" en ningún medio sobre dicho partido. Y la casa mantiene esta situación durante muchísimo tiempo.

      Primero, tienen que darte información, porque lo de creer en su buena voluntad lo descartamos (conociendo el percal). Y segundo, en todo caso, la investigación (de existir y ser oficial, que lo dudo) afectará a ese partido, no a toda tu cuenta.

      Si no te dan información completa sobre lo courrido en TU cuenta, puedes optar por reclamar ante la DGOJ, ya que a ese organismo oficial deberían darle toda la información (aun sabiendo como es la DGOJ).
      O bien puedes demandarlos, y que den explicaciones al juez, ya que se niegan a dártelas a ti.

      Saludos, y suerte.

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  2. Hace poco me registré en William hill. Durante cinco días tuve suerte y gané una serie de apuestas. Mi sorpresa viene al sexto día cuando me bloquean la cuenta para apuestas deportivas. Llamo, reclamo y me dicen que no me pueden decir el motivo por el cuál me han bloqueado la cuenta. Aunque está más claro que el agua, ganancias. Solo espero que hagan lo mismo con aquellas personas que tengan perdidas y les bloqueen la cuenta para que no puedan seguir apostando. Una auténtica vergüenza.

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  3. He encontrado este blog, gracias por hacerlo. Lo seguiré.

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  4. El 75% de los equipos están patrocinados por casas de apuestas
    Tres de cada cuatro andaluces considera necesario limitar la publicidad de las apuestas
    02.09.2018 | 05:00 | Marta Jiménez | Málaga

    La publicidad es uno de los principales medios de reclamo de las casas de apuestas deportivas. Es habitual que las grandes estrellas del deporte protagonicen estos anuncios, en los que se les muestran como usuarios de estas webs y ofrecen bonos a los nuevos jugadores. El gasto en marketing de las apuestas deportivas en el segundo trimestre de este año ha sido de 81,3 millones de euros, un 55% más que el año pasado, según la Dirección Nacional de Ordenación del Juego.


    Fue el caso de Daniel, un estudiante de 22 años que comenta que conoció estas apuestas «por la publicidad durante grandes eventos deportivos». Las casas de apuestas concentran el 20% de la publicidad durante los partidos de fútbol y hasta el 75% de los clubes de fútbol cuenta con una casa de apuestas como patrocinador, según Sportium. Una publicidad que supone para el fútbol español más de 600 millones de euros al año. Un tipo de publicidad que ya se ha prohibido en países como Italia.

    El Consejo Audiovisual de Andalucía demanda la prohibición de estos anuncios para evitar que llegue a los menores. De hecho, el 75% de los andaluces es partidario de que exista una regulación específica sobre la publicidad del juego y las apuestas online para impedir que llegue a los menores de edad, según el Barómetro Audiovisual de Andalucía. El PSOE ha denunciado repetidas veces esta situación en el Congreso, por lo que no se descarta una nueva regulación que limite esta publicidad.

    «Se debe regular la publicidad de las apuestas deportivas. Hace tres años los operadores de juego y los afectados nos pusimos de acuerdo para llevarlo a cabo por ley, pero el Gobierno anterior nunca lo llevó a cabo, no sabemos qué va a pasar con este otro», concluye el presidente de Amalajer.

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Gracias por leer mi blog.

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