miércoles, 16 de marzo de 2016

Ocio, diversión, entretenimiento…


Ocio, diversión, entretenimiento. Perder dinero en las casas de apuestas, los casinos, los bingos y las salas de poker es divertido y emocionante. Se escuchaba en la sala de condicionamiento... Así podría comenzar un libro llamado Un juego feliz. 

Pero ni yo soy Aldous Huxley, ni las casas de apuestas utilizan técnicas hipnopédicas para inculcar sus perniciosos valores (como ocurría en Un mundo feliz).

En realidad, recurren fundamentalmente a tres actores bien diferenciados (y perfectamente complementarios) para desarrollar su infame campaña de adoctrinamiento: las propias casas de apuestas, la Administración Pública  y los grandes medios de comunicación. 

Pretenden, en contra de toda lógica, desvincular las apuestas de la posibilidad de ganar o perder dinero, elemento esencial de las mismas (sin cuya existencia no tienen razón de ser), para equipararlas, a formas de ocio, diversión y entrenamiento, de naturaleza y finalidad completamente distintas (como ir al cine o a un concierto), obviando las particularidades y riesgos de esta actividad, potencialmente tan adictiva, de manera que se identifique, sin dejar lugar a dudas, juego (con dinero) y diversión. 

Esta delirante pretensión de las casas de apuestas no obedece a un mero capricho, sino a una decisión estratégica, ya que ostentar tal consideración (de simple actividad de ocio tan divertida) les permitiría: