jueves, 27 de junio de 2013

La Ley del Juego no tiene quien la aplique: “Alejo Style”

Si en el primer artículo de esta trilogía, que podéis leer aquí, veíamos como daba sus primeros pasos, en sus funciones como Regulador, la Dirección General de Ordenación del Juego, ahora veremos cómo ha ejercido estas funciones en relación con los apostantes, por los que tan poco aprecio había mostrado en sus inicios, analizando su respuesta a las consultas, reclamaciones y denuncias presentadas por estos.

Puede que algunos piensen que con la llegada del nuevo Director General (que ya ocupaba el cargo de Subdirector), quizás no sea el mejor momento para tratar esto, pero yo creo que es el más apropiado, porque quien no conoce el pasado está condenado a repetirlo, y además tras un año desde la entrada en vigor de la Ley del Juego, conviene  hacer balance (independientemente de que coincida, o no, con este relevo).

Nada me alegraría más que escribir en los próximos meses un artículo contando que esto ya es historia, pero eso depende del nuevo Director General y no de mí. De hecho el tercer artículo, aún no tiene ni título, y su contenido dependerá de las próximas resoluciones que emita esta Dirección General.


I.- En primer lugar veremos, rápidamente, cómo ha actuado ante las CONSULTAS de los participantes.

Para ello estudiemos las más recurrentes, respecto a las inmorales limitaciones arbitrarias (o a los cierres de cuenta).

Adivinad cuál es la respuesta la respuesta de la DGOJ:

      a)    Como Regulador del sector no podemos estar de acuerdo con una práctica encaminada a expulsar a los jugadores ganadores. No es lo mismo intentar maximizar los beneficios de una empresa privada, que tratar de convertir dichas empresas en prósperos criaderos de ludópatas, algo que chocaría frontalmente con una verdadera política de juego responsable.
No solo reprobamos con dureza esta actitud, sino que, haciendo uso de la potestad que nos confiere la Ley del Juego en su artículo 21, avalada igualmente por el artículo 32 del Real Decreto 1614/2011, de 14 de noviembre, por el que se desarrolla la Ley 13/2011, de 27 de mayo, de regulación del juego, en lo relativo a licencias, autorizaciones y registros del juego, estudiaremos las medidas a tomar para erradicar estas prácticas manifiestamente abusivas.

      b)    ¿Tengo cara de que me importe? ¿No pensarás que voy a hacer algo al respecto?

Si piensas que la respuesta correcta es la a) supongo que vives en la calle de la Piruleta, en el País del Arco Iris.

Por desgracia, su respuesta fue la b) en forma de carta mucho más extensa, pero que bien podría resumirse como yo lo he hecho.
Si alguien quiere la carta, puedo enviársela, pero ahora pasemos a lo realmente grave.


II.- Veamos cómo actúa (o actuaba) ante las RECLAMACIONES [Imprescindible leer esto, aunque parezca muy farragoso].

Han sido numerosas las reclamaciones que ha recibido, algunas bien fundamentadas y con pruebas suficientes, y otras no tanto. ¿Cómo ha respondido ante las primeras la DGOJ?

Pues, a pesar de tratarse de un sector recientemente regulado y en el existe una profusa normativa, los funcionarios públicos de la DGOJ parecen (o, al menos, parecían) decididos a velar implacablemente por el cumplimiento de las Condiciones Particulares de las casas de apuestas (en muchos casos manifiestamente abusivas), incluso cuando son contrarias a la Reglamentación básica, elaborada por el propio Ministerio de Hacienda (del que depende la DGOJ).

Una Ley, Reales Decretos, Órdenes Ministeriales,…, y la DGOJ pretende solucionar TODAS las reclamaciones, sean sobre lo que sean, con una sola frase, “Es pues en el marco del contenido de las condiciones generales y de las reglas particulares del operador, donde se ha de analizar el objeto de la reclamación planteada”, escenificando así un lavatorio de manos, que no podría ser superado ni por el mismísimo Pilatos.
El paralelismo es absolutamente real y no una mera licencia literaria. Si Pilatos decide ignorar la ley vigente (de la que él, por su cargo, debía ser garante), para condenar a Jesús por las “normas particulares” de los judíos, así la DGOJ pretende obviar la legislación vigente, para aplicar las “normas particulares” de las casas de apuestas.

Dado que las casas de apuestas se auto conceden en sus condiciones particulares el derecho a hacer literalmente lo que quieran, nunca habría motivo para la reclamación. Se convertirían así las apuestas en un contrato que genera obligaciones (sin derechos) para el cliente, y derechos (sin obligaciones) para el operador, reduciendo la función del Regulador a la de mero espectador, devolviéndonos a la época anterior a la regulación del sector, que, por tanto, carecería de todo sentido, más allá del mero afán recaudatorio.

Y, además, trata de ampararse en que se trata de una relación de carácter privado para no resolver, limitándose a informar, cuando es a favor del apostante, por supuesto, ya que, cuando es favor de la casa de apuestas, curiosamente, sí que tiene competencia para resolver.
Alguien podría ver en este extraño fenómeno, al que denominaremos competencia “Guadiana”, una preocupante muestra de parcialidad, pero quizás también pueda existir alguna otra explicación (aunque a mí no se me ocurra en este momento)

El desmedido amor, amor contra-natura (si se me permite la expresión), que parecía profesar el Regulador hacia las empresas que debían ser objeto de la regulación, ha llevado a nuestra DGOJ a proteger a las casas de apuestas “.es” con un celo digno de mejor causa. Es una lástima que no haya mostrado el mismo entusiasmo a la hora de defender a los participantes. 

Si esto fuese tan sencillo como para "lavarse las manos" de esa forma, sería absurdo que la propia Ley del Juego atribuyese a la DGOJ las funciones de “resolver las reclamaciones que puedan ser presentadas por los participantes contra los operadores” o de “asegurar que los intereses de los participantes […] sean protegidos, así como el cumplimiento de las leyes, reglamentaciones y principios que los regulan”, y otorgase a los participantes el derecho a “formular ante la Comisión Nacional del Juego las reclamaciones contra las decisiones del operador que afecten a sus intereses”, explicando, en el art. 7 del Anexo I de la Orden EHA/3080/2011, de 8 de noviembre, por la que se aprueba la reglamentación básica de las apuestas deportivas de contrapartida, el procedimiento concreto para presentar dichas reclamaciones.

Lo realmente grave es que la DGOJ, tras un año, todavía no tiene un criterio definido. Yo tengo ante mí, dos reclamaciones por hechos muy similares, con pruebas suficientes en ambos casos, y en un caso ha desestimado la reclamación y en otro ha resuelto (o más bien informado) a mi favor, y ya he cobrado mi dinero. Analicemos estos dos casos.

En ambos casos se trata de la anulación o modificación de una apuesta, y en ambos casos la casa alega que lo hace amparándose en sus normas particulares.

Ambas notificaciones, por cierto, están escasamente fundamentadas, y carecen de los requisitos formales exigidos en el apartado 2 del artículo 58 de la Ley 30/1992, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, que, aunque no sea excesivamente grave, da buena muestra del escaso interés mostrado en esta tarea.


Caso de William Hill (que explico aquí).

En este caso obvian que la Orden EHA/3080/2011, de 8 de noviembre, por la que se aprueba la reglamentación básica de las apuestas deportivas de contrapartida“ viene a dar cumplimiento a las exigencias de regulación previa que, para el otorgamiento de las licencias singulares, establece el artículo 11 de la Ley 13/2011, de 27 de mayo, de regulación del juego, aprobándose la Reglamentación básica de las apuestas deportivas de contrapartida”, en la que “se fijan las bases de una regulación dirigida principalmente a la protección de los participantes”.
 
La propia Orden Ministerial indica que “esta nueva regulación establece una Reglamentación básica que podrá ser desarrollada por la Comisión Nacional del Juego y que será complementada por las reglas particulares de carácter privado que los distintos operadores deberán elaborar”, dejando claro el carácter meramente complementario de las normas particulares que, por tanto, no podrán ser contrarias a lo dispuesto en esta Reglamentación básica.

Y, en el Anexo I de dicha Orden Ministerial, en el Capítulo IV, sobre el “Desarrollo de las apuestas deportivas de contrapartida”, se establece (en el artículo 13) que “cada apuesta deportiva de contrapartida que se realice quedará vinculada al coeficiente vigente para esa apuesta en el momento de su realización y no se verá afectada por los cambios posteriores que pueda sufrir el coeficiente”, permitiendo únicamente a los operadores establecer en sus reglas particulares “una previsión para los supuestos de suspensión, anulación o aplazamiento de los eventos establecidos en el programa de apuestas”, pero en ningún caso se faculta a estos operadores para efectuar modificación alguna si el evento objeto de la apuesta se celebra con normalidad.

Además para la obtención de su licencia, las casas de apuestas tuvieron que presentar un documento aceptando expresamente el “compromiso de asumir el cumplimiento de las obligaciones previstas para los titulares de licencia en la Ley 13/2011, de 27 de mayo, de regulación del juego, en su normativa de desarrollo y en este pliego de bases” como exige la Orden EHA/3124/2011, de 16 de noviembre, por la que se aprueba el pliego de bases que regirán la convocatoria de licencias generales para el desarrollo y explotación de actividades de juego de la Ley 13/2011, de 27 de mayo, de regulación del juego.

Es normal que las casas de apuestas aceptasen tan alegremente este compromiso, ya que, por lo visto, las normas particulares tienen la capacidad, en la práctica, de “derogar” leyes (y normativa de desarrollo).

¿No tendría que ser más bien en el marco de la Reglamentación básica, complementada por las normas particulares (o por lo que ustedes quieran) donde habría que analizar las reclamaciones? Pues el señor Alejo piensa que no. Parece no querer ver que se trata de una relación de carácter privado, dentro de un sector regulado, por lo que no se puede ignorar sin más la Reglamentación básica de este sector, como si no existiese.

Pues en este caso, después de más de 6 meses de espera, y de haber presentado el pertinente recurso de reposición por desestimación presunta, la DGOJ no tuvo más remedio, muy a su pesar, que informar a mi favor. Si yo fuese malpensado, podría imaginar que habían estado tratando de encontrar un motivo para resolver en mi contra y que, tras medio año sin encontrarlo, finalmente optaron por informar (que no resolver) favorablemente.
Por cierto, en una curiosa notificación duplicada con un párrafo final sencillamente antológico, de la que quizás hable en otro momento para no extenderme (todavía) más en este artículo.


Caso de Goldenpark (que explico aquí).

En este caso resuelve desestimando la reclamación porque aprecia error en la cuota.

En primer lugar llama la atención que resuelva, y que lo haga valorando si hay o no un error, en lugar de aplicando la normativa vigente. De esta forma pretende la DGOJ dar validez a una cláusula que infringe el artículo 13 antes citado.

La normativa no contempla la posibilidad de que la casa de apuestas modifique unilateralmente una apuesta alegando un error, igual que tampoco un cliente puede anular una apuesta si se equivoca. Como es lógico, una apuesta correctamente formalizada ha de ser respetada por ambos, ya que en el momento que se reconozca a una de las partes la posibilidad de modificar dicha apuesta, se creará una situación de absoluta indefensión para la otra. Cada parte implicada en la apuesta ha de asumir las consecuencias de sus propios errores, y no como ahora, que es el participante el que siempre paga las consecuencias de los errores propios y ajenos, o acaso si un jugador apuesta 100 euros en lugar de 10, ¿tiene la posibilidad de anular la apuesta? ¿Verdad que no?

Yo a un funcionario público no le pido que haga extrañas cábalas, le pido que aplique la Ley. No tiene que entrar a valorar si una cuota es errónea o no, ya que lo sea o no, la casa ha de respetarla, porque la Reglamentación básica así lo impone.

No sé si esto es justo o injusto, pero cuando la Ley perjudica al jugador, la DGOJ (como en el caso de las limitaciones y cierres) se limita a decir que hay que respetar escrupulosamente la Ley, así que, cuando beneficia al jugador, la DGOJ también debería respetar escrupulosamente la Ley (y dejar de buscar la forma de favorecer a las casas de apuestas).

Si un día circulo por dirección prohibida, espero que el policía que me intercepte, en lugar de indicarme que se trata de uan infracción y sancionarme, charle amistosamente conmigo y atienda mis explicaciones (ignorando la ley). Espero que la simple explicación "ha sido un error" (que tan buenos resultados da a las casas de apuestas) sea suficiente para eludir la multa.

Voy a poner un ejemplo que ilustra esta lo esperpéntico de esta situación:

Si por algún motivo se reconoce que una cuota 5 es un error, todos estaremos de acuerdo en que 4,99 también sería un error. Y si 4,99 es un error, obviamente 4,98 también lo sería. Y así sucesivamente hasta el número que nos apetezca, de manera que cualquier cuota pueda ser considerada errónea, ya que determinar con exactitud en qué punto se fijaría el límite es casi imposible, y si no se puede determinar con exactitud, no se podría establecer un criterio objetivo.

Por eso la Ley no contempla la posibilidad de modificar apuestas por errores (de una parte o de otra), y solo permite anular las apuestas en caso de que un evento no se celebre como estaba previsto, algo que se puede comprobar de manera absolutamente objetiva, y que no depende de opiniones o creencias, siempre subjetivas.


En caso contrario nos encontramos en situaciones como éstas, donde ante hechos idénticos se producen resoluciones opuestas, porque William Hill no ha sabido convencer a la DGOJ, y Goldenpark sí ha sabido convencerlos.

No se puede depender de de que el empleado de la casa de apuestas sea más o menos persuasivo; el jugador necesita saber a qué atenerse, necesita saber que se aplicará la Ley. 

Se ha presentado el correspondiente recurso de Alzada.



III.- Ahora veremos, brevemente, como actúa ante las DENUNCIAS.

Respecto a las denuncias, en primer lugar hay que aclarar que para una casa de apuestas, son muchísimo más perjudiciales que las reclamaciones, puesto que dan lugar a procedimientos sancionadores, que pueden acarrear graves sanciones económicas (e incluso la pérdida de la licencia), recogidas en el artículo 42 de la Ley del Juego.

Así que, yo apostaría a que la DGOJ sería capaz arrancarse una mano a mordiscos, como el mismísimo Lotario de Voss, antes de redactar una sanción.

Hasta donde yo sé (y he llagado a preguntarlo a la DGOJ, sin respuesta) no se ha impuesto ninguna sanción a las casas de apuestas “.es”, y si habéis visto mi blog motivos creo que han tenido suficientes.

Solo dos ejemplos para terminar, y que no penséis que mis afirmaciones son gratuitas:

-He presentado 5 denuncias en enero, y todavía no se está tramitando ninguna.

-En el caso de William Hill que he relatado, la propia DGOJ concluye que hay un impago (tipificado como infracción grave en la Ley del Juego), y no se ha incoado el correspondiente procedimiento sancionador, como permite el artículo 7.3 del Anexo I de la Orden EHA/3079/2011 (“el participante podrá formular reclamación ante la Comisión Nacional del Juego que resolverá en el plazo de dos meses contados desde la fecha en que la reclamación tuviera entrada en su registro, sin perjuicio, en su caso, de la apertura del correspondiente procedimiento sancionador si el operador hubiera incurrido en alguna de las infracciones recogidas en el Título VI de la Ley 13/2011, de 27 de mayo, de regulación del juego”)..


Esto es para que veáis las pocas ganas que tiene de sancionar la DGOJ. ¿Y para qué va a hacerlo? En España, cuando no hay dinero en las arcas públicas, es más fácil subir impuestos o recortar prestaciones a quienes no han hecho nada para merecerlo, antes que sancionar a empresas que han infringido la ley. Somos así de campechanos,…, y así nos va.


Esto es todo, de momento, puesto que ya me he extendido más de lo que esperaba.

Espero que el nuevo Director General empiece pronto a cambiar las cosas.

2 comentarios:

  1. El matrimonio que tiene que ser anónimo te comenta que no vayas por la via administrativa y te lo especificamos.- Condiciones generales redactadas en comandita con el gobierno. Punto 1.-Apostar debe ser un entretenimiento y no una forma de ganar dinero.- como les comentamos no de ganar sino regalar dinero y después viene la apostilla. Punto 2.-Debe evitar recuperar el dinero que ha perdido.- ole ole ole ole----------------ole.-DEMENCIAL.- somos personas muy serias pero esto es para creérselo.-ATTE.-

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  2. Como veras nuestro proceso es con BET 365 la casa a la que se le ha dado la mejor puntuación, no queremos pensar como son las otras.- si te narro lo nuestro no lo crees.-

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Gracias por leer mi blog.

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