miércoles, 16 de marzo de 2016

Ocio, diversión, entretenimiento…


Ocio, diversión, entretenimiento. Perder dinero en las casas de apuestas, los casinos, los bingos y las salas de poker es divertido y emocionante. Se escuchaba en la sala de condicionamiento... Así podría comenzar un libro llamado Un juego feliz. 

Pero ni yo soy Aldous Huxley, ni las casas de apuestas utilizan técnicas hipnopédicas para inculcar sus perniciosos valores (como ocurría en Un mundo feliz).

En realidad, recurren fundamentalmente a tres actores bien diferenciados (y perfectamente complementarios) para desarrollar su infame campaña de adoctrinamiento: las propias casas de apuestas, la Administración Pública  y los grandes medios de comunicación. 

Pretenden, en contra de toda lógica, desvincular las apuestas de la posibilidad de ganar o perder dinero, elemento esencial de las mismas (sin cuya existencia no tienen razón de ser), para equipararlas, a formas de ocio, diversión y entrenamiento, de naturaleza y finalidad completamente distintas (como ir al cine o a un concierto), obviando las particularidades y riesgos de esta actividad, potencialmente tan adictiva, de manera que se identifique, sin dejar lugar a dudas, juego (con dinero) y diversión. 

Esta delirante pretensión de las casas de apuestas no obedece a un mero capricho, sino a una decisión estratégica, ya que ostentar tal consideración (de simple actividad de ocio tan divertida) les permitiría:
- a nivel legal, seguir disfrutando de la actual “barra libre” publicitaria (sin apenas restricciones, especialmente en su versión online), posibilitándoles mantener un ritmo de captación de clientes adecuado a su desmedida avaricia,
- a nivel social, dirigirse a todas las esferas de la sociedad, sin distinción de raza, edad (por encima de los 18), sexo,..., de manera que se asuma que el juego (apuestas) es para todo el mundo, consiguiendo que la propia presión de grupo influya en que nuevos jugadores apuesten, y
- a nivel individual, llegar a conseguir que el jugador "necesite" apostar; algo especialmente perceptible en las apuestas deportivas, donde muchas  personas reconocen que "les falta algo" si ven un partido sin realizar ninguna apuesta. 

Si hoy nos cuesta entender cómo las Tabacaleras pudieron lograr que, durante siglos, fumar fuese considerado un hábito socialmente muy bien visto, e incluso una práctica saludable (recomendado por los propios médicos para curar, entre otras enfermedades, diversas afecciones pulmonares); dentro de unos años, nos parecerá un logro menor comparado con la descomunal capacidad de manipulación exhibida por las casas de apuestas. Y es que, partiendo de premisas absolutamente irracionales, quieren convencernos, de que el juego es una fuente inagotable de emoción y diversión, cuando tal y como la desarrollan los actuales magnates (me ha costado decidir el orden de la n y la g) del sector, es más bien fuente de problemas.

Obviamente, cuando alguien pretende que semejante disparate, no solo sea aceptado, sino que se convierta en el dogma imperante, ha de planificarlo todo a la perfección, respetando los principios fundamentales de la propaganda, con tal fidelidad que despertaría la admiración del mismísimo Herr Goebbels. ¿Os parece exagerado? Seguid leyendo, por favor.

Principio de Orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”.

Aquí las casas de apuestas siempre han tenido claro que ocio, diversión y entretenimiento, deberían ser las palabras y conceptos elegidos.
Algo muy simple y, aparentemente, deseable, que podría calar con facilidad entre el público; al fin y al cabo,  ¿quién va a estar en contra de divertirse?

Como ejemplo, no voy a utilizar campañas publicitarias (porque alguien podría pensar que en los anuncios siempre se “exagera” un poco), sino capturas extraídas de las secciones de Juego Responsable de varias casas de apuestas:
ley del juego juego responsable casas de apuestas
Como veis, indican expresamente que:
-Apostar no es una forma de ganar dinero. FALSO, precisamente apostar es una forma de ganar, o perder, dinero; eso no es una opinión, es un hecho incontrovertible.
-Hacen una diferenciación (irreal y malintencionada) oponiendo el juego como ocio y como problema. FALSO, jugar como ocio puede desencadenar tantos o más problemas que jugar con otra motivación, luego lo veremos.
-Se muestran partidarios de respetar los derechos de quienes jueguen para su entretenimiento. FALSO, quienes no jugamos para divertirnos también tenemos derechos que merecen ser respetados, no somos ciudadanos de segunda clase.

Mención especial merece Paf que textualmente, y con una inaudita desfachatez, declara que: “El objetivo es descubrir desviaciones o comportamientos de juego negativos. Tenemos un equipo que trabaja con estas cuestiones y su objetivo es contactar lo más pronto posible con aquellos clientes que se estima se encuentran en la zona de riesgo. Todos los clientes que ganan más de 20000 euros son contactados por nosotros. En ese contacto siempre se incluye la recomendación de bloquear la cuenta de juego”.
Es algo tremendo. Los que pierden dinero, no están zona de riesgo, no son contactados, no se les recomienda bloquear la cuenta,…, no hay un plan de intervención rápida para quienes pierdan (cualquier cantidad). La base de su política de Juego Responsable es vigilar y bloquear a los que ganan dinero, ¿y los que pierden dinero?, que se jodan, ¿no?

Todos sabemos que las casas de apuestas limitan y expulsan a los ganadores, e incentivan a los perdedores, pero que encima presuman de ello y lo consideren la medida estrella de su política de juego responsable, es demencial. Aún querrán que les demos las gracias por su gran labor social.

Y, pásmense ustedes, Paf fue finalista en los premios del sector (Jdigital) en la categoría de Mejor iniciativa de Juego Responsable del año 2015 (galardón recibido por la DGOJ, de la que hablaremos ahora). Si este es el mejor operador en esta especialidad, ¡¿cómo serán los otros?! Por cierto, menudo palmarés, DGOJ, Paf,…, con Rato, Blesa y Urdangarín ya completarían un buen repoker. 

Jugar por ocio, diversión y entretenimiento, no es una alternativa, es una imposición hoy en día.
Cualquier otra motivación para jugar, como ganar dinero, debe considerarse irresponsable, problemática, no conforme a derecho, arriesgada, negativa,…, y ha de estigmatizarse a quienes tengan tan “aviesas” intenciones. Esto no es ficción, es España, año 2016 d.C.

Y, como digo, esto no es producto de la desafortunada creación de algún publicista alocado, es una meditada declaración de intenciones de los casinos, que plasman deliberadamente en sus respectivas webs.

Además hoy en día, gracias a internet y, particularmente, a las redes sociales, los operadores de juego pueden hacer llegar sus mensajes a los (actuales y potenciales) clientes de forma directa e interactiva. Un rápido repaso por las cuentas de Twitter o Facebook de algunos operadores, confirman claramente cuáles son las ideas que pretenden transmitir. No pondré ejemplos concretos para que nadie piense que disfruto ensañándome innecesariamente con los community manager. (En este artículo identificaré a los máximos responsables de la situación actual).

Incluso un trabajador de uno de estos salones de apuestas, me reconocía que estas son precisamente las palabras que más le repite a él su propio jefe. Y es que también han de persuadir a sus propios empleados para que estos transmitan la información con el entusiasmo debido.
Cuando inauguran salones de apuestas o casinos, siempre les gusta hablar de que “amplían la oferta de ocio” de la ciudad de turno, porque, por si aún no os había quedado claro, ellos “ofrecen servicios de ocio”. 

Hay que repetirlo una y otra vez, en cualquier momento y en cualquier lugar, de forma que los conceptos apuestas y ocio, queden indisolublemente ligados, para que nadie se atreva a cuestionarlo.
No olvidemos que una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad.

“Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias”.

Permitidme que me extienda en este punto clave.
Aquí la Administración, y más concretamente la Dirección General de Ordenación del Juego (y organismos afines) juega un papel decisivo, ya que no solo es una fuente supuestamente independiente, sino que representa una figura de autoridad en el sector (como podían ser los médicos en el caso del tabaco), por lo que se presume que sus opiniones son objetivas y veraces, algo fundamental para dar credibilidad a cualquier información.
Desgraciadamente este Regulador (que nunca ha actuado como tal), adopta roles más propios de Relaciones Públicas de las casas de apuestas, que de funcionarios públicos.

Veamos un par de ejemplos muy claros de cómo, en documentos oficiales, se plasma literalmente esta absurda idea promovida por las casas de apuestas:

1.- En el año 2013 el Consejo Asesor de Juego Responsable (CAJR en lo sucesivo) aprobó la Estrategia de Juego Responsable en España publicada en la web de la >DGOJ<, donde, tras citar diversos informes de las más variadas conclusiones (cuyo rigor y acierto se podría también cuestionar), se posiciona y afirma categóricamente que “el Juego Responsable implica una decisión informada y educada por parte de los consumidores con el ÚNICO objetivo del entretenimiento, la distracción y en el cual el valor de las apuestas no supera nunca lo que el individuo se puede permitir. […] el juego responsable sería una actividad de RELAX y entretenimiento”. Sencillamente brutal.

En toda mi vida jamás he conocido a nadie a quien las apuestas le produzcan un efecto relajante. ¿En qué mundo viven quienes suscriben tal falacia?, y además por unanimidad, para vergüenza y oprobio de algunos de sus miembros, de los que cabría esperar algo más.
Ya puestos, podrían haber completado el despropósito, ¿apostar sería tan relajante como ir a un balneario o como tomar una relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor?

Y, para que nadie piense que se trata de un inocente error, también afirman que practicar el juego responsable ha de hacerse con el único objetivo del entretenimiento. Esto es gravísimo ya que, tal y como está redactado, implica necesariamente que tener cualquier otro objetivo a la hora de apostar (como ganar dinero, por ejemplo) no se considera responsable, coincidiendo (y no por casualidad) con el argumentario expuesto por las casas de apuestas. ¿Quiénes se creen estos sujetos para calificarme de irresponsable por tener un comportamiento sensato? 

Todo el documento no es más que un ofensivo y vergonzante discurso fraudulento en el que, maliciosamente, se introducen conceptos equívocos, aprovechando la polisemia de la palabra juego, para llegar a conclusiones surrealistas. 

Juego, o jugar, tienen unas 20 acepciones, y esto lo aprovechan para construir razonamientos absolutamente delirantes en los que se pretenden atribuir los mismos beneficios a todos los juegos, sin distinción alguna.
Como mínimo, y por simplificar, deberíamos hacer una distinción, natural y lógica, entre en los juegos en los que media interés o juegos con dinero (como las tragaperras), y juegos en los que no media interés o juegos sin dinero (como el escondite). Pero los prestigiosos profesionales del CAJR tienen un especial interés en no hacer diferenciación alguna, y les gusta “jugar” con las palabras para intentar justificar lo injustificable. Lo mismo da un adulto solo jugando a las Slots, que doce niños jugando al fútbol, que cuatro jubilados jugando al tute,…, todo parece ser igual de beneficioso para los participantes. 

Veamos unos ejemplos de lo que quiero decir, extraídos de este documento:

a) Se habla de beneficios sicológicos de jugar en personas mayores, afirmando que “jugar de forma controlada, divertirse y escapar de las dificultades físicas y emocionales, asociadas a la edad avanzada, pueden ser actividades altamente gratificantes”.
Comparar a unos ancianos charlando y jugando una apacible partida de dominó, con jugar a las tragaperras, es tan estúpido como grotesco. Supongo que los estudios citados se referirían más a lo primero, que a lo segundo, que es precisamente lo que deben regular. 

Curiosamente la DGOJ ha elaborado un >Test de JuegoResponsable< donde responder que juegas para evadirte de algún problema, es motivo suficiente para suspender el mismo.
Empiezan a copiar y pegar sin sentido alguno para confundir a los lectores, y al final acaban por confundirse ellos mismos.
Jugar para evadirse es malo en el Test de Juego Responsable, y bueno en la Estrategia de Juego Responsable. Esta incoherencia la apunto a título meramente anecdótico, y para que veáis la credibilidad real que tienen estos individuos. No tienen ni idea de lo que dicen. 

b) Se habla de que el juego parece ser una actividad estrechamente vinculada a los valores sociales, citando las rifas benéficas. Los actos benéficos (bajo la forma de rifa, cena,…), donde lo fundamental es la causa a la que se pretende ayudar, es obvio nada tienen que ver con la prestación de servicios de juego a cambio de dinero, pero lo dejan caer, y si cuela, cuela. 
Comparar las bondades de un evento altruista, con jugar a la ruleta, es simplemente ridículo. 

c) Se afirma que “para muchas personas, el juego es una actividad de ocio y un agradable entretenimiento. Para algunos, sin embargo, la participación en juegos puede conllevar problemas”, sugiriendo (y repito que no por casualidad) la misma distinción falsa y carente de todo fundamento, que proponían las casas de apuestas, oponiendo juego como ocio y juego que causa problemas, cuando considerar el juego (apuestas) como ocio es lo que puede desencadenar con mayor facilidad dichos problemas. 

La consideración del juego como ocio solo está justificada en el caso de los juegos en los que no media interés, pero nunca en la prestación de servicios de juego (apuestas, poker, casino, bingo,…) por parte de empresas, que es lo único que debe regular la DGOJ.

Jugar CON dinero, siempre debe hacerse POR dinero (siendo muy consciente de que también se puede perder). Nunca se debe olvidar que jugar CON dinero siempre supone un riesgo, y no ha de tomarse a la ligera. 

Hay que recordar que la Ley del Juego, como dice en su preámbulo, surge fundamentalmente de la necesidad de regular el creciente mercado del juego online, por lo que no tiene sentido que el Regulador divague sobre otros temas que no les competen, y además los aproveche para intentar argumentar sus incomprensibles decisiones. 

No voy a detenerme más en ese tema, pero sería muy conveniente dejar de referirse a este sector como “del juego”, por ser un concepto demasiado ambiguo y genérico. Tal vez “sector de las apuestas” sería más apropiado, para no dar pie a malintencionados equívocos. 

De hecho durante casi todo el artículo utilizo los términos casas de apuestas o casinos para referirme al conjunto de las empresas del sector (salas de poker, bingos, casinos y casas de apuestas), ya que citar las cuatro en cada párrafo haría la lectura mucho menos fluida, y empresas del sector del juego no me parece lo más adecuado como acabo de explicar. Iba a utilizar solo casas de apuestas, pero quedaba muy repetitivo, y he alternado esta denominación con casinos. Pequeñas “licencias literarias” para hacer más amena la narración, sin desvirtuar el contenido. 

2.- En el Proyecto de Real Decreto de Comunicaciones Comerciales de las Actividades de Juego y de Juego Responsable, publicado también en la web oficial de la >DGOJ<, no es más que un burdo intento de dotar de rango legal a los retorcidos y perjudiciales eslóganes de las casas de apuestas.

Como acabamos de analizar pormenorizadamente el tema, simplemente voy a citar un par de párrafos, para que veáis que es más de lo mismo, y que inciden en la misma falacia.

En primer lugar se constata que la forzada asociación de juego y diversión, no es casual, y lo único que pretende es legitimar excesos publicitarios que nunca se deberían permitir.
Estas son algunas de las perlas que, para que no quepa duda alguna al respecto, incluye el legislador: “partiendo del reconocimiento de la publicidad del juego regulado, en tanto que legítima actividad de ocio y entretenimiento” o “la promoción del juego como actividad de ocio y entretenimiento”.

En segundo lugar, se establece que el Juego Responsable es un “conjunto de elementos configuradores de la oferta y del consumo del juego, como actividad de ocio y entretenimiento, que propician y reflejan una decisión racional, informada y sensata por parte de los consumidores, y conducen a reducir el riesgo de juego desordenado, problemático, compulsivo o patológico”, algo que, por cierto, es absolutamente falso.
Como veremos luego, esta sandez ya ha sido desmentida por la propia realidad. 

Obviamente dicho proyecto también incluye algunas (mínimas) restricciones, básicamente relacionadas con las líneas rojas de los menores y autoexcluidos; faltaría más. Pero, al partir de la premisa falsa, impuesta por los casinos, del juego como ocio, carece de valor alguno para regular eficazmente la promoción de estos servicios, pecando de permisivo.

La propia DGOJ, para que no quepa duda alguna sobre su posicionamiento, ha adoptado el lema de las casas de apuestas como propio, y así lo refleja en su web con un banner de considerables dimensiones.
ley del juego jugar bien

“Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines”.

Aquí hay que poner la lupa en el papel que juegan los grandes (y muchos de los no tan grandes) medios de comunicación, por acción y por omisión.

Algunos de ellos incluso tienen sus propias casas de apuestas, por lo que en estos casos es evidente que jamás publicarán ninguna noticia desfavorable, y que promocionarán desaforadamente su propia marca. No requiere mayor explicación.

Pero en los casos en los que no tienen participación directa en las casas de apuestas, tampoco parece que puedan informar con total libertad, puesto que estas casas de apuestas invierten una gran cantidad de dinero en publicidad. Y no hay muchos medios de comunicación que estén dispuestos a comprometer esta importante fuente de ingresos, por publicar o emitir informaciones contrarias a los intereses de los casinos.

Es curioso como periodistas capaces de investigar tramas de corrupción o rastrear incluso donde se planta el trigo para fabricar determinadas barras de pan, no se atrevan a indagar sobre las casas de apuestas, su influencia en la Administración, sus prácticas absolutamente inmorales y de dudosa legalidad en muchos casos,...
Yo puedo llegar a aceptar que sea un tema menos apasionante que los casos Púnica, ERE, Pujol, Rato,…, pero no creo que sea menos interesante que investigar panaderías, por ejemplo (con todo el respeto para las panaderías). Resulta, cuando menos sospechoso, el silencio al respecto.

A esto hay que unir que no tienen miramientos a la hora de emitir cualquier anuncio que les propongan.
Por ejemplo, la emisión durante la tarde de anuncios de un bingo protagonizados por un escandaloso superhéroe, de colorida y llamativa vestimenta, con estética cuasi infantil/adolescente, aún siendo legal (por una de esas inexplicables decisiones del legislador), quizá debería ser rechazado por las cadenas, por inapropiado.

Parece que en este país prestar servicios profesionales a veces está reñido con la ética, y no debería ser así. Y no me vale la excusa de “están ahí para ganar dinero”, porque con ese argumentos se podrían justificar incluso las actividades de los grandes cárteles de la droga, cuya finalidad última también es lucrarse. Pero no todo vale, o esa es mi opinión.

“Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

Este principio no merece mucho comentario, ya que cualquier persona que disponga de televisor, ordenador, smartphone,…, ya se habrá percatado de que la publicidad de las casas de apuestas no es un ejemplo de elegancia, refinamiento y buen gusto. Es obvio que no pueden apelar a un componente racional, por lo que han de recurrir a otro tipo de estímulos.

Fornidos futbolistas, croupier/presentadoras de sugerentes escotes o estridentes superhéroes dispuestos a rescatarnos del aburrimiento, son reclamos habituales. Y ya algunos casinos te invitan directamente a “jugar y chatear”, caminando inexorablemente a lo que amenaza con convertirse en un bochornoso “badoo apuestil”. 

Los mismos que evitaban los relojes o las ventanas en las zonas de juego de sus antros para que el cliente perdiese la noción del tiempo, hoy, en su versión online, tratan de distraer al jugador por otras vías. 
casino juego responsable
Pero tampoco hay que ahuyentar a ningún usuario, y para que un exceso de vulgarización no disuada a los potenciales clientes, como podéis ver, también destacan que todo esto se hace con licencia del Gobierno de España, con su correspondiente bandera y escudo, para transmitir sensación de seguridad.

Si Felipe II podía afirmar que en su imperio nunca se ponía el sol, hoy (con Felipe VI reinando) podemos certificar que en nuestra bandera no da el sol, ya que resulta físicamente imposible ubicada bajo esas enormes…ruletas. (Modo Matías Prats off)


No me malinterpretéis, yo no estoy en contra de la diversión. 
Estoy a favor de la diversión espontánea de los jugadores, una diversión que ha de estar (de forma natural) ligada a ganar, y no a jugar simplemente.
Y estoy totalmente en contra de la diversión institucionalizada, como imposición. No necesito que nadie me diga lo que me tiene que gustar o no, sobre todo si me quieren convencer de una burda mentira ideada por las casas de apuestas, oficializada por la Administración y difundida por los medios de comunicación.

Para esa diversión que no cuenten conmigo. Llamadme subversivo si queréis, pero a mí no me hace ninguna gracia perder, y nunca me la hará, por más que me lo repitan.

Y es que se le está perdiendo el respeto al juego (apuestas), y conviene recordar, aunque resulte impopular y sea malo para el negocio, que ese inofensivo y divertido pasatiempo arruina (en mayor o menor grado) la vida de más de un 2% de la población. Algo que, especialmente nuestros gobernantes, deberían tener en muy en cuenta.


Decía Mark Twin que "es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados", y es posible que llegados a este punto aún no os haya convencido del engaño masivo urdido por las casas de apuestas, con la complacencia (y he tenido que morderme la lengua para no decir connivencia) de la Administración, y con la colaboración de los medios de comunicación.

Si yo no he podido convenceros, dejaré que la cruda realidad hable por sí misma.

Resumiendo mucho. El 1 de junio de 2012 entró en vigor la Ley del Juego, con la finalidad principal de regular el juego online. A principios de 2013 se crea el CAJR (donde nada menos que 6 operadores de juego parecen mangonear a su antojo), se publica la nefasta Estrategia de Juego Responsable, la DGOJ crea una web (para, básicamente, difundir eslóganes del agrado de las casas de apuestas), se autorizan las slots,…

Es decir, desde mediados de 2012 se vienen aplicando políticas de juego responsable, basadas (como hemos visto) en el criterio impuesto de los casinos. ¿Sabéis cual es el resultado?

Según este >artículo< del segundo semestre de 2015 “de cada 10 afectados, cinco son por máquinas presenciales, dos por bingo y casino y tres por el juego online, lo que supone un aumento del 30 % de la ludopatía en la red”. En el mismo también se detallaba que “los nuevos ludópatas del juego en Internet tienen un perfil mucho más joven y cuentan con una formación superior”, por lo que, dado el paulatino “rejuvenecimiento” que experimentan los afectados, la tendencia no creo que mejore, si nuestros gobernantes no cambian radicalmente su estrategia.

Pero analizando el gráfico (elaborado con los datos de la DGOJ y la Asociación catalana de adicciones sociales) que ilustra este artículo de El Economista, los datos, de ser exactos, resultan aún más preocupantes.
ley del juego ludopatía 
Entre los años 2000 y 2012, cuando ya se jugaba mucho a través de internet (las casas de las que provienen las actuales “.es”, las casas asiáticas, las cruzadas y el poker sin restricciones nacionales,…), la incidencia de la ludopatía en los jugadores online representaba un porcentaje poco significativo (inferior al 10%) con respecto al total de afectados, de forma que ni siquiera aparece en el gráfico.

Entre los años 2013 y 2015, tras la campaña intensiva de adoctrinamiento, por parte de casinos, AAPP y medios de comunicación, para concienciarnos del “juego como ocio”, la ludopatía en jugadores online ha crecido exponencialmente, pasando casi de la nada al 30%. Ha supuesto aproximadamente un 30% de aumento en la representación sobre el total, pero el crecimiento de los afectados por problemas con el juego en internet, en sí, ha sido colosal.

¡Qué sorpresa! Aplicar las recetas de las casas de apuestas, no solo no ha conseguido reducir la incidencia de la ludopatía online, sino que ha supuesto un notable incremento.

A mí no me sorprende, de hecho me parece la consecuencia lógica de que sean los casinos quienes (realmente) dicten la política de juego (supuestamente) responsable, aunque las firmen otros.

Poner al zorro a vigilar el gallinero, nunca ha dado buenos resultados. Conceder 6 asientos en el CAJR a las empresas que más se beneficiarían de un incremento de la ludopatía, no parece la idea más brillante de nuestros gobernantes para intentar paliarla.
¿Qué motivación tienen estos 6 miembros de las casas de apuestas para intentar reducir el porcentaje de adictos? Presidentes de casas de apuestas manifestando que la ludopatía es un cuento chino, operadores que abanderan el juego responsable que solo están interesados en expulsar a los clientes que ganan dinero,… Es inconcebible que sean el colectivo mayoritario en el CAJR.
¿Dónde se gastan el dinero los ludópatas? En las casas de apuestas. Venga, pues encarguemos a estas que nos digan cómo reducir su número, ¿qué puede salir mal?

Es esperpéntico, lo mires por donde lo mires. La implicación de los casinos en el desarrollo de las políticas de juego responsable, debe limitarse al cumplimiento estricto de las leyes que otros dicten, y no a la elaboración de dichas leyes. Lo contrario es un sinsentido.


Si considerar el juego como ocio es algo irracional y absurdo, como hemos visto, ¿cuál sería la alternativa razonable? Pues darle un enfoque lógico, como el que le daría cualquier persona mínimamente sensata.

En primer lugar, hay que considerar el juego (las apuestas) como un medio, y no como un fin en sí mismo. Partiendo de esta premisa básica se puede abordar una verdadera política de Juego Responsable. 

La concepción finalista del juego (apuestas como ocio), eleva el riesgo de padecer trastornos relacionados con el juego (y no lo reduce como asegura el Regulador). 
Si yo le digo a alguien que disfrute, independientemente de que gane o pierda, que la diversión y emoción radica en apostar simplemente, ¿qué motivo tendrá para dejar de jugar? Todo el mundo quiere divertirse, y cuanto más mejor (es un rasgo común a todos los seres humanos, salvo algún caso aislado). Si el juego no tiene una finalidad más allá del mero entretenimiento, es difícil encontrar un motivación para dejarlo, aunque se esté perdiendo mucho dinero, ya que el juego está cumpliendo la función que el cliente espera de él, que es proporcionar diversión.

Sin embargo entender el juego, como un simple medio para ganar dinero (siendo consciente de que también se puede perder), apostando de forma racional, no emocional, con cierta desafección, haría que quien no consiguiese ganar dinero, fuese perdiendo paulatinamente el interés por seguir jugando.
A esta persona el juego no le proporciona una satisfacción especial, y si no le sirve para lograr el fin que pretende, no tendría motivación para seguir.
Obviamente podría haber jugadores que llegasen a obsesionase con la idea de ganar dinero, desarrollando problemas de juego compulsivo, pero serían muchos menos que con la actual concepción lúdica que se da a las apuestas (y las imprescindibles restricciones publicitarias ayudarían a minimizar el número de estos casos).

En la actualidad hay personas adineradas que tienen problemas de adicción al juego; está claro que ellos no buscan ganar dinero (puesto que ya lo tienen), lo que buscan es ese ideal de emoción y diversión que nos “venden” los casinos y la propia Administración. Esta es un buen ejemplo de que no es la idea de ganar dinero la que puede llevar con más facilidad a la adicción, sino el soslayar deliberadamente los riesgos de esta actividad, bajo ese manto de emoción y diversión a raudales que nos proponen. 

Cuando se juega con dinero, jamás se debe considerar el juego como un mero entretenimiento. Jamás. Y quién diga lo contrario, miente.
Cuando se juega con dinero, solo debe hacerse por dinero, y sin olvidar el riesgo que supone. Este es un axioma incuestionable. 
Cuando se juega sin dinero, puede hacerse por ocio, diversión, entretenimiento,… 

En segundo lugar, y como consecuencia de abandonar la concepción del juego (apuestas) como ocio, hay que asumir que al tratarse de una actividad potencialmente tan adictiva, tiene que ver muy restringidas sus posibilidades de promocionarse. Le pese a quien le pese, tiene que ser así.

El proyecto de ley cuya tramitación lleva paralizada casi un año, presenta demasiadas carencias para ser realmente útil a este respecto, por lo que se necesitaría uno nuevo.

Podría extenderme más, pero ninguno de los implicados tiene el más mínimo interés en aplicar medidas realmente eficaces. Solo partiendo de estos conceptos básicos, se podría desarrollar una normativa con posibilidades reales de disminuir los efectos negativos del juego; mientras la DGOJ se limite a adoptar las medidas propuestas por las casas de apuestas, no se conseguirán avances importantes en este terreno.


La semana pasada precisamente se auto concedían los premios del sector. Este año ha quedado vacante (no había nominados, ni finalistas) la categoría de “Mejor iniciativa de juego responsable”.

Con lo que hemos visto, podría haberse considerado una provocación innecesaria entregar dicho premio. Menudo compromiso para el ganador, ¿cuál habría sido su discurso de agradecimiento? Os imagináis algo así como: Nos congratulamos por haber conseguido un 22% más de ludópatas en nuestro casino, gracias Carlos (Hernández), contigo empezó todo. Y el auditorio puesto en pie aplaudiendo a rabiar… 

Y es que el año pasado, fue precisamente la DGOJ (del ínclito Carlos Hernández) quien recibió dicho premio, por crear una web, en la que, básicamente, sugiere que son los clientes los máximos culpables de sus problemas con el juego, obviando casi por completo la responsabilidad de los casinos (desde tiempo inmemorial) en el fomento de la ludopatía.
También aprovechan la web para hacer el ridículo evidenciando su atroz desconocimiento, como con su último video, donde promocionan la autoexclusión usando una imagen del boleto de la Quiniela, que no está sujeta a dicha autoexclusión y cuyo potencial adictivo además es infinitamente menor que las slots (por ejemplo).
Algún día podrían exponer alguna idea “revolucionaria”, como que la exagerada promoción que hacen las casas de apuestas de sus servicios es la principal causa del aumento de los problemas relacionados con el juego. Aunque esto podría enfadar a sus “jefes”, así que supongo seguirán haciendo hincapié en la “educación” de los clientes, en lugar de controlar la publicidad.
La educación del cliente como medida complementaria es correcta, pero como eje principal de la política de juego responsable es absolutamente insuficiente.

Dado que dicho premio solo se concedió en el año 2015 (ni antes ni después hay rastro del mismo), también podemos interpretar, que las casas de apuestas crearon esta categoría expresamente para agradecer al Regulador “los servicios prestados”. Supongo que llamaron a esta categoría Iniciativa de Juego Responsable, porque resultaba menos embarazoso que conceder el trofeo al Director General más alto, más guapo y más listo del mundo, y que menos controla a las empresas que debe vigilar e inspeccionar. 

Esto hace que sea aún más curioso que las empresas que no han introducido ninguna iniciativa mínimamente destacable por la que se puedan auto premiar, sean mayoría en el CAJR.


Ya para finalizar, si has llegado hasta aquí quiero agradecerte el tiempo dedicado a esta lectura, y espero que seas una de esas “personas que no se conforman con la ortodoxia, que tienen ideas propias”, por citar de nuevo a Aldous Huxley (esta vez textualmente) para cerrar este artículo.

miércoles, 3 de febrero de 2016

La insoportable frivolidad de Wanabet



Creo que es imposible empezar peor que Wanabet en el mercado del juego online. Ya he perdido la cuenta, y no es una forma de hablar, de las quejas que me han llegado en el poco tiempo que llevan prestando servicios.
Estaba dudando si escribir algo sobre esta casita de apuestas, pero tras el bochornoso espectáculo con el que inauguraban el mes de febrero, creo que ya ha llegado el momento.

Si les queda algo de sensatez, quizás les sirva de toque de atención, y aún estén a tiempo de rectificar (yo creo que ya es tarde y que no tienen voluntad alguna de hacerlo, pero no lo descarto completamente).
En caso contrario, al menos espero que sirva de advertencia para los potenciales clientes.

Para no extenderme demasiado, aunque son muchos, muchísimos, los defectos de esta casa de apuestas, hoy me gustaría hablar solo de la desafortunada representación escenificada hace un par de días en Twitter, utilizando su cuenta corporativa, lo que confiere mayor gravedad al asunto.

A estas alturas, cuando ya han pasado casi 4 años desde la (supuesta) Regulación del Juego, aún no disponemos de una completa normativa publicitaria propia del sector. Aún así, no todo vale, y las casas de apuestas deben cumplir unos requisitos mínimos.

Dado que Wanabet no se ha molestado en leerlos, me he tomado la libertad de recopilar algunos textos que podrían resultar de su interés.

 1) La Ley de Regulación del Juego tiene como principal finalidad la protección de los participantes y evitar los efectos perniciosos del juego, como manifiesta reiteradamente en su preámbulo, y concreta en el artículo 8, sobre la protección de los consumidores y políticas de juego responsable. 

domingo, 10 de enero de 2016

Bono basura

Ya sé que Standard & Poor's se dedica a calificar otro tipo de bonos, pero si algún día deciden ampliar sus servicios, creo que el bono ofertado por Marcaapuestas con motivo del estreno de su nueva página web, en mi humilde opinión y a juzgar por las quejas que me llegan, bien podría incluirse en la categoría conocida coloquialmente como bono basura.
Veamos algunos de los casos que me llevan a esta conclusión.

En primer lugar quiero incidir sobre el cambio que se ha producido en la promoción de este bono, concretamente en el polémico punto 6, como se ve en la imagen.